miércoles, 29 de mayo de 2013

El ángel de la rosa.

En la tonta edad de 13 años, ingrese a una iglesia sugerida por mi padre. No comprendía sus costumbres y las absurdas enseñanzas de empleaban pero sin entenderme, aun seguía estando ahí.

Me acabo de dar cuanta de algo ¿Quién es ella? ¿Porque me llama la atención? No comprendo esta situación que me entorpece pero no detengo mi vista hacia ella, es impresionante ¿Me enamore? No lo creo, ningún sentimiento me perturba mi estado mental pero habrá algo que tenga sentido con lo que estoy viendo.

Dejo la iglesia por tontas razones de depresión, era así y no tienen el más mínimo derecho de hacerme una crítica negativa sobre mi estado, no saben nada de mí y de mi vida. Pero bueno, seguía así y me complemente con el gusto del satanismo pero al fin de acabo, ya no seguí mas con esa alabanza al diablo; ahora cambie y soy otro.

Ingrese otra vez a los 17 años y me di cuenta de que la mujer que me llamaba la atención a los 13 seguía ahí y su nombre me gusta pronunciarlo “Karin”. En un par de días, ya me gustaba gracias a su mirada, postura de una diosa, gestos provocativos, labios de romance y el aroma de los Ángeles.

Me he dado cuenta de la felicidad que llena su alma, de los momentos alegres y divertidos que ha compartido y del esfuerzo que ha tenido hecho para ser una gran mujer. No soy hombre digno de un ángel que danza en las maravillas eternas. Soy la escoria de una vida caótica y de aflicciones crónicas, prefiero no manchar su vida con mis lágrimas y pecados horripilantes. Ella nunca me amara y yo nunca seré tan fuerte para conquistarla. 

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