domingo, 26 de mayo de 2013

En mi cadáver un recuerdo.


Yace en mis manos la sangre del ajeno que en el he culminado tanto odio en mis últimos días. No supe soportar el clamor que expandía mis pulmones mientras que mis puños remataban el cráneo de el, sin piedad y con risa diabólica descontrolada.

Las sirenas sonaban en tan hermosa melodía pero era la crucial señal de escapatoria de mi acto demente y aterrador. No pude parar de correr, me sentía un perro con rabia con deseos de ir tras más carne fresca. No contenía las ganas de matar, explotaron mis neuronas intelectuales ¡Estoy arto de sentimientos y esclavitud!

He visto a tan bella señorita de virgen mirada y desnuda postrado bajo la lluvia con la rosa de espinas dañando tan frágil mano que la sostenía con tan fría aflicción que por los estímulos rasgados no dormían las razones. De cabello largo, liso y negro. De labio gris, ojos celestes, de aroma a rosas muertas y pies tan blancos y fríos que asta yo lograba sentirlo.     

Mi sed de sangre se calmaron y mis manos tambaleantes se cansaron mientras que mi alma en llamas se extinguía. Mi pupila ya era diminuta pero me traspaso el espíritu de un Dios que logro que una simple lagrima se librase de mi ojo al contemplar un poema en forma y carne de mujer pálida y delicada. Era un ángel, creía que no existían, que solo era un cuento de hadas para niñas. Nunca había llorando tanto desde que era una pequeña criatura que caminaba.

Algo se apodero de mí. La sirenas se acercaban mas y mas asta que me derrumbaron contra el suelo y al subir mi cabeza para verla por ultima vez, esa bella forma celestial y tan divina que espanto a todos mis miedos; ya no estaba, desapareció pero fue lo mas increíble y hermoso que pude apreciar.

Acabo con mi vida con el mas fuerte azote de mi cabeza contra el pavimento, así acabo con mi vida, así emprenderé mi viaje hacia los infiernos a cocinar mi carne bajo tan ardiente dolor. Lo único bueno que me llevare, es el recuerdo de lo que vi.

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