jueves, 19 de septiembre de 2013

Pulso ciego.

Niño de mí pasado tenia intenciones de sorprender a unas niñas en la gran piscina pero al correr y no saber nadar, tan solo parecía un acto de suicidio de un modo inconsciente pero en mente divertida y enamorada. No recuerdo los rostros de esas niñas excepto una, Lulú.

La he visto otra vez después de tantos años que consumí con disgusto y saladas lágrimas, ella ha cambiado y tenemos algo en común, la fotografía. No he tenido ingeniosas preguntas que plantearle; mas bien no pude hablarle pero si me basto darle un abrazo y un beso en la mejilla de cordial saludo.

He visto a otra dama de un estilo similar al de una rockera, de un cuerpo sutil y finos labios; de mirada fantástica más encantador espíritu. Las dos la encontraba hermosas pero detesto mis latidos en fuerzas anarquistas pero sigo podrido y ligado a un recuerdo romántico que acaba en decadencia.

Siempre tendré muchas opciones y planes pero de un cierto punto de vista personal es algo maldito y despreciable y la otra parte de mi aun reitera la frase “Espera el momento” pero soy torpe otra vez con mis glóbulos frenéticos y desesperada necesidad de amor ajeno.

Maldigo mi sabio que reposa en mi intelecto y maldigo al miserable romántico que grita nombres que extraña con locura. Soy como maquina desenfrenada, deshabilitada, desatornillada y oxidada pero humano es mi corazón y cerebro pero la fe se quema y solo sus cenizas flotan en contorno a la ira.

Niego sus pensamientos pero uno nunca sabe de sus recuerdos sumergidos en materia biológica en come metáforas y lo caga en literal. Nunca sus pechos me han importado ni menos su segundo labio pero por lo único que palpito es por pupilas encantadoras.

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