Los daños que recibí, las críticas que consumí, mis defectos
con lo cual me corte, mis añejas lágrimas en el colchón olvidado; todo eso está
en el pasado pero mis cadenas que me unen a ella solo podrán cortarse por
alguien especial y ajeno.
Cuando pienso es como si atuviera en el borde de un oscuro
agujero espantoso lleno de miedos, vidrios, sangre, agujas, gritos, llantos,
besos, mentiras, etc. Si te lo imaginas con los ojos cerrados, podrás escuchar
el clamor de un niño atravesado por palabras afiladas y semen en su cerebro.
Ese niño sutil y senil en el estómago del miedo, aun grita con fuerzas pero
nadie lo escucha.
Pienso profundo y caigo en la oscuridad. Los gritos mi
rasguñan, las uñas del terror se clavan en mi corazón, las mentiras y criticas
destruyen mi alma y las palabras antiguas son disparadas con odio pero una luz
celeste y divina emerge en tinieblas místicas, es el hada; Fernanda.
-¡Fernanda! ¡No te vayas!
-déjame sola, no te quiero ver más, vete!
El tiempo de caída se detiene, él toma mi mano pero no
siempre es así, a veces soy yo mismo que me salva, vuelo y reposo en mi colchón otra vez.





